El fenómeno ‘fintech’ no acabará con los bancos

El término ‘fintech’ está muy de moda últimamente e incluso ha saltado a los medios de comunicación masivos para referirse a un nuevo tipo de compañías especializadas en aplicar la tecnología para mejorar la prestación de servicios financieros y al impacto que esto está teniendo en el sector bancario tradicional. Estas compañías están surgiendo en todas partes con acceso a buena financiación por fondos Venture Capital y con propuestas de valor especializadas en nichos concretos. Se dice que están creando una disrupción muy fuerte en el mercado y amenazando la posición futura de los bancos por su mayor especialización y entendimiento de las nuevas generaciones de clientes. ¿Pero hasta qué punto es cierta esta aseveración y estas nuevas compañías están siendo capaces de competir con los bancos tradicionales?

Desarrollo tecnológico acelerado

Los últimos 40 años han sido testigos de una adopción explosiva de nuevas tecnologías (IT y telecomunicaciones, social media, comercio retail, transporte, servicios financieros, ciencias de la vida) y el surgimiento de nuevas industrias, mercados y tipos de consumidor. El rendimiento y coste de tres elementos clave en la evolución de la economía digital -capacidad de cómputo, almacenamiento y ancho de banda de comunicaciones- ha estado mejorando a un ritmo exponencial durante muchos años y estamos viendo grandes avances y desarrollos de nuevas tecnologías apoyados sobre estos elementos clave a un ritmo y velocidad sin precedentes en la historia y que no muestra síntomas de ralentizarse.

No es únicamente el número de nuevas tecnologías el que crece, sino también la velocidad a la que dichas tecnologías están provocando una disrupción en el mercado. Dicho impacto o disrupción se ve amplificado cuando estas nuevas tecnologías se unen en plataformas y ecosistemas abiertos que reducen el nivel de inversión y el tiempo de desarrollo de los nuevos productos, ya que la escala no es una premisa básica de partida para poder competir, así como por la facilidad de distribución de los nuevos servicios a través de dispositivos móviles.

La industria de los servicios financieros y bancarios es una de las últimas afectadas por la disrupción provocada por el ritmo de desarrollo tecnológico y la facilidad de distribución de estas innovaciones a través de plataformas on-line y dispositivos móviles. Están surgiendo a gran velocidad nuevas compañías redefiniendo por completo la experiencia del usuario y el modelo de negocio en áreas como pagos (Square), préstamos y créditos (Lending Club), cambio de divisas (Kantox), envío de remesas (Transferwise) o finanzas personales (Fintonic). Estas empresas tienen un carácter revolucionario y disruptivo, pero todavía necesitan los servicios de las entidades financieras tradicionales y tener acceso a sus infraestructuras (cuentas, pagos, licencias, etc.). De momento, muchas de estas nuevas startups fintech son clientes de los bancos porque los necesitan para desarrollar su actividad, y por tanto generan beneficios para ellos, siguiendo un modelo de ‘coopetion’ (término que surge de fusionar las palabras en inglés ‘cooperation’ y ‘competition’). Por un lado, suponen una distorsión para el negocio de la banca, pero al mismo tiempo les aportan ingresos. A modo de ejemplo, Lending Club ha obtenido hasta un 80% de su liquidez de entidades financieras y no de particulares.

Ventajas competitivas de las empresas Fintech

Por encima de cualquier otra consideración, los nuevos players fintech tienen una clara ventaja de coste. Se trata de organizaciones pequeñas que crecen en torno a un producto específico, que escalan cuando consiguen dar con una propuesta de valor exitosa en el mercado, después de haber pivotado sobre la idea inicial. Como el acceso a tecnología es tan bajo el desarrollo inicial del producto es una inversión financieramente abordable, y además no han de soportar el lastre que suponen las infraestructuras IT heredadas, algunas de ellas antiguas y obsoletas. Esto permite a las empresas fintech ofrecer sus productos a unos precios muy competitivos.

Los bancos, por el contrario, son organizaciones grandes con una estructura de costes muy pesada que se refleja en el proceso de fijación de precios. Esto sin tener en cuenta el hecho de que tienen un negocio establecido y rentable que intentan proteger a toda costa (como es lógico y normal) y que les resta margen de maniobra, mientras que los nuevos entrantes se pueden permitir el lujo de tirar precios y destruir valor para la industria en su conjunto porque no tienen una posición que mantener y es beneficioso para su crecimiento acelerado.

Otro de los elementos cruciales en la capacidad de crear valor de las empresas fintech es su apuesta por competir sobre nichos concretos de clientes y productos, cada uno de ellos haciendo en su segmento una labor de zapa sobre la estructura general de la industria. Esta estrategia permite desarrollar productos con un alto grado de especialización y adaptación, eliminando los elementos superfluos e innecesarios, tanto en la experiencia del cliente como en los niveles de precios, manteniendo toda la energía de la organización enfocada en un solo producto para conseguir un mejor rendimiento y resultado. Así consiguen alumbrar productos de gran calidad, sencillos de utilizar, estéticamente vistosos y muy competitivos, que son difíciles de batir por los bancos generalistas en su segmento.

Hay otro aspecto más generacional y de percepción por parte de los nuevos clientes ‘millennials’ (nacidos después de 1980). Se trata de nativos digitales que han crecido con Internet y el móvil como elementos centrales de la comunicación y su manera de relacionarse con el mundo, y que son mucho más exigentes en cuanto a la calidad de los productos que consumen y el precio al que los consumen. Por tanto, demandan un nuevo tipo de productos financieros más digitales, más flexibles y con menos papeleos y ataduras, y en esto las empresas fintech tienen una clara ventaja de partida frente a los bancos tradicionales para servir a estas nuevas generaciones de clientes. Además, las fintech no son percibidas como bancos y están libres de la carga de percepción negativa asociada al sector financiero desde la crisis económica de 2008.

El banco del futuro

Bajo la presión de los nuevos competidores, el desarrollo tecnológico y el cambio en las expectativas de los clientes, la industria de servicios financieros está evolucionando hacia una estructura cada vez más modular con una separación entre los creadores de productos financieros y los distribuidores de dichos productos. Dicho de otra forma, el modelo de banco integrado verticalmente cubriendo todos los productos y todos los segmentos de clientes no será la estructura dominante dentro de pocos años y será reemplazado por un banco modular y más ligero cuyo elementos fundamentales serán una plataforma ‘core’ bancaria abierta accesible con un API que la conecte a servicios externos, una licencia bancaria y los procesos de cumplimiento regulatorio asociados, y la base de datos de los clientes y CRM asociado para poder gestionarlos. El banco proporcionará los servicios básicos (cuentas, tarjetas) y el resto de servicios más avanzados serán proporcionados por otras entidades financieras a través del API abierta para poder acceder en cada momento a los productos con las mejores condiciones.

Este banco modular podrá ser creado como evolución de los bancos actuales y desde cero por nuevos competidores fintech, pero resulta evidente que los bancos tradicionales van a tener que evolucionar de una manera radical en su proceso de digitalización, la entrega de las propuestas de valor a los clientes y su manera de captar y relacionarse con sus clientes más jóvenes. Como en todo proceso de transformación de industria, habrá bancos que serán capaces de gestionar de manera exitosa este proceso y seguirán siendo relevantes en ese nuevo entorno y otros no lo conseguirán y serán absorbidos por otras entidades. Pero para rebatir los presagios más funestos, los bancos de toda la vida no van a desaparecer en favor de las empresas fintech, simplemente tendrán que evolucionar para adaptarse al nuevo entorno y a los nuevos competidores.

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